Basado en “Aportes para la gobernabilidad Democrática en el Perú”
de Martín Tanaka y Roxana Barrantes
Hablar de los partidos políticos en el Perú es referirnos a grupos de gran desprestigio, ineficientes, corruptos y distantes de los ciudadanos. Cabe preguntarse, pues, por las causas de tales adjetivos que lejos de ser simples etiquetas son la conceptualización de la denominada “crisis política de los partidos políticos tradicionales”. La desconfianza de los ciudadanos hacia la clase política que los representa, el desprestigio y la poca credibilidad de los partidos políticos en el Perú no es sino el resultado de esta crisis. La falta de renovación de los partidos les hace proyectar una imagen de arcaicos y de desfasado discurso; su liderazgo, con escasas excepciones, ha hecho de la política una profesión "rentable", parasitándola y desnaturalizando aquello que debe ser "el arte y ciencia de gobernar".
Un político que reconozca que el pueblo es el mandante, que le delega temporalmente su autoridad para vincularse con el Estado, a fin de que al estructura jurídica y las políticas públicas a formular y aplicar sean las más modernas, correctas y justas, estará llamado a desarrollar un accionar eficiente, transparente y concertador. Sin embargo nuestros políticos adolecen, en gran medida, de lo que Sinesio López denominó el “Patrimonialismo”:
“… [cuando] las personas que ocupan las diversas funciones públicas, desde las más altas hasta las más modestas, no se sienten ni se piensan como reales funcionarios del Estado, al servicio de los intereses generales de los ciudadanos, sino como propietarios de las mismas o delegados del patrón supremo que ocupa el vértice del poder: el presidente de la República”
En la actualidad, el consenso sobre la necesidad de renovación y fortalecimiento de los partidos políticos es muy alto. Sin embargo, desconocemos el qué hacer (la dirección de la reforma de los partidos) y el cómo hacerlo (medidas concretas para fortalecerlos).
Como señala el texto base, nuestro país tiene una alta inestabilidad en su sistema de partidos y es uno de los que tiene los más bajos niveles de institucionalización partidaria de la región. Tan alarmantes datos no hacen sino corroborar la realidad nacional de la alta fragmentación política partidaria que vivimos. Basta observar las postulaciones para las elecciones actuales: 20 candidatos presidenciales y 2880 candidatos congresales.
Se suele decir que no es posible tener democracia sin partidos. Esto es porque el sistema se sustenta en la existencia de los mismos. Sin embargo, la relación entre niveles democráticos y cantidad de partidos no es directamente proporcional. Así, pues, con más de 20 partidos políticos, tenemos un nivel democrático más precario. Más aun cuando estos partidos son improvisados, poco representativos y nada serios. Ergo, a malos partidos, mala democracia. La debilidad e improvisación de éstos dificulta los acuerdos, impone lógicas de corto plazo y genera problemas de representación.
Todo lo anteriormente planteado se ve reflejado en el Congreso de la República en el que lejos de ser el reflejo de la voluntad popular, el lugar donde convergen los problemas y nacen las soluciones es un espacio de fragmentación y caos. Dado que cada congresista actúa casi independientemente, el Congreso tiene un lato nivel de fragmentación. Por ello, los acuerdos políticos son muy lentos lo cual, a su vez, hace que no se solucionen los problemas del país. Finalmente, esto genera que la imagen del Parlamento sea negativa y su nivel de confianza muy bajo: sólo el 7.8% de la población confía en él. Este porcentaje de confianza solo es superado por el 6.3% del que gozan los partidos políticos. Como vemos, un problema lleva a otro problema.
¿Qué soluciones se plantean para reformar el Congreso? Tanto Tanaka y Barrantes como otros autores señalan dos puntos básicos:
Ahora, ¿como cumplir con estos cambios (y otros más) en el Congreso? La primera respuesta histórica a este desafío se dio en el año 2003 con la promulgación de la Ley de Partidos Políticos cuyos aspectos centrales, según Agustín Haya de la Torre son los siguientes:
Tener una ley de partidos como la que está en vigencia, resulta un paso adelante en el proceso de construcción de la democracia. La definición de los partidos como expresión del pluralismo democrático, la concepción de que estos tienen como objetivo asegurar y defender la democracia así como identificarse con la difusión de los derechos fundamentales, son pasos decisivos en el proceso de construcción de la democracia peruana.
La determinación de la ley para que los partidos democraticen su estructura interna así como el planteamiento de cierto grado de financiación pública y los límites a las donaciones privadas, son elementos que pueden contribuir a la recuperación de la confianza de la ciudadanía.
Sin embargo, aun queda mucho por definir sobre la ley. Por ejemplo, ésta no contempla mecanismos de seguimiento, control y fiscalización y no establece un régimen de sanciones para los partidos que incumplan con las obligaciones normadas. Así pues, vimos durante la primera etapa de la contienda electoral cómo es que la “Alianza por el Futuro” nunca presentó su informe de financiamiento ante el Jurado Nacional de Elecciones y hoy tiene más de diez congresistas electos. ¿Qué pasó? La ley quedó en el papel.
Por otro lado, hay aspectos que no se han legislado a cabalidad. Si bien es cierto, a partir de ahora hay una barrera electoral que disminuirá la fragmentación parlamentaria, no hay medidas que refuercen la cohesión interna de los partidos. Esto se expresa en el conocido “transfuguismo” que, a pesar de la actual ley y antes de que se inicien las actividades del nuevo Congreso, ya se está dando. La prensa, desde hace varios días viene informando de más de diez congresistas que, al parecer, están renunciando a las bancadas por las que fueron electos para adherirse a otras con mayores posibilidades de protagonismo en los próximos cinco años.
Finalmente, queda pendiente la aplicación de la Ley de Partidos a ámbitos Regionales y Locales ya que nuestro país, lamentablemente, aun no cuenta solo con partidos nacionales.
Hoy más que nunca es necesario que los políticos y sus partidos entiendan que al ser elegidos como representantes de los ciudadanos que confiaron en ellos, su rol no se agota al lograr esta posición sino que requiere ampliarse facilitando la participación de las mayorías en las grandes decisiones del país, promoviendo la sinergia entre los principios de la democracia representativa y la participativa.
Los ciudadanos tenemos todo el derecho y la responsabilidad de ser los protagonistas activos de los procesos de cambio, de ejercer control ciudadano y fiscalizar las acciones de gobierno, de constituirse en celoso guardián de la democracia y del control político a los gobernantes.
Como vemos, el cambio no sólo está en el Estado y los políticos. De nosotros también depende.
“… [cuando] las personas que ocupan las diversas funciones públicas, desde las más altas hasta las más modestas, no se sienten ni se piensan como reales funcionarios del Estado, al servicio de los intereses generales de los ciudadanos, sino como propietarios de las mismas o delegados del patrón supremo que ocupa el vértice del poder: el presidente de la República”
En la actualidad, el consenso sobre la necesidad de renovación y fortalecimiento de los partidos políticos es muy alto. Sin embargo, desconocemos el qué hacer (la dirección de la reforma de los partidos) y el cómo hacerlo (medidas concretas para fortalecerlos).
Como señala el texto base, nuestro país tiene una alta inestabilidad en su sistema de partidos y es uno de los que tiene los más bajos niveles de institucionalización partidaria de la región. Tan alarmantes datos no hacen sino corroborar la realidad nacional de la alta fragmentación política partidaria que vivimos. Basta observar las postulaciones para las elecciones actuales: 20 candidatos presidenciales y 2880 candidatos congresales.
Se suele decir que no es posible tener democracia sin partidos. Esto es porque el sistema se sustenta en la existencia de los mismos. Sin embargo, la relación entre niveles democráticos y cantidad de partidos no es directamente proporcional. Así, pues, con más de 20 partidos políticos, tenemos un nivel democrático más precario. Más aun cuando estos partidos son improvisados, poco representativos y nada serios. Ergo, a malos partidos, mala democracia. La debilidad e improvisación de éstos dificulta los acuerdos, impone lógicas de corto plazo y genera problemas de representación.
Todo lo anteriormente planteado se ve reflejado en el Congreso de la República en el que lejos de ser el reflejo de la voluntad popular, el lugar donde convergen los problemas y nacen las soluciones es un espacio de fragmentación y caos. Dado que cada congresista actúa casi independientemente, el Congreso tiene un lato nivel de fragmentación. Por ello, los acuerdos políticos son muy lentos lo cual, a su vez, hace que no se solucionen los problemas del país. Finalmente, esto genera que la imagen del Parlamento sea negativa y su nivel de confianza muy bajo: sólo el 7.8% de la población confía en él. Este porcentaje de confianza solo es superado por el 6.3% del que gozan los partidos políticos. Como vemos, un problema lleva a otro problema.
¿Qué soluciones se plantean para reformar el Congreso? Tanto Tanaka y Barrantes como otros autores señalan dos puntos básicos:
- La bicameralidad: entendida como la existencia de dos cámaras de representantes: La Cámara de Diputados y la Cámara de Senadores como existió hasta 1992. Esto permitiría un mejor análisis y discusión de los proyectos legislativos lo cual concluiría en la producción de (menos y) mejores leyes.
- y el cambio de la dinámica del Congreso: de congresistas a bancadas. Expresado en la formulación de proyectos de ley por parte, no de congresistas (individuos), sino de bancadas parlamentarias (grupos) lo que generaría una mayor cohesión al interior de los grupos partidarios.
Ahora, ¿como cumplir con estos cambios (y otros más) en el Congreso? La primera respuesta histórica a este desafío se dio en el año 2003 con la promulgación de la Ley de Partidos Políticos cuyos aspectos centrales, según Agustín Haya de la Torre son los siguientes:
- a) La definición de los partidos políticos como expresión del pluralismo democrático que concurren a la manifestación y formación de la voluntad popular.
- b) El reconocimiento de que son instituciones fundamentales para la participación política de la ciudadanía y base del sistema democrático.
- c) La reserva de la denominación de partido a las entidades reconocidas como tales por el registro de organizaciones políticas.
- d) Asegurar, entre sus fines y objetivos, la vigencia y defensa del sistema democrático mediante su contribución a preservar la paz, la libertad y la vigencia de los derechos humanos consagrados en la legislación peruana y los tratados internacionales.
- e) Los requisitos para el reconocimiento de un partido.
- f) La declaración de ilegalidad por conducta antidemocrática.
- g) La acepción de movimientos y organizaciones para las entidades de alcance regional y local.
- h) La posibilidad de que las elecciones internas cuenten con el apoyo y asistencia de la Oficina Nacional de Procesos Electorales.
- i) La obligación de convocar a alecciones para cargos internos y candidaturas públicas.
- j) La determinación de normas para supervisar el financiamiento de las fuerzas políticas.
- k) El establecimiento de formas de financiación pública.
Tener una ley de partidos como la que está en vigencia, resulta un paso adelante en el proceso de construcción de la democracia. La definición de los partidos como expresión del pluralismo democrático, la concepción de que estos tienen como objetivo asegurar y defender la democracia así como identificarse con la difusión de los derechos fundamentales, son pasos decisivos en el proceso de construcción de la democracia peruana.
La determinación de la ley para que los partidos democraticen su estructura interna así como el planteamiento de cierto grado de financiación pública y los límites a las donaciones privadas, son elementos que pueden contribuir a la recuperación de la confianza de la ciudadanía.
Sin embargo, aun queda mucho por definir sobre la ley. Por ejemplo, ésta no contempla mecanismos de seguimiento, control y fiscalización y no establece un régimen de sanciones para los partidos que incumplan con las obligaciones normadas. Así pues, vimos durante la primera etapa de la contienda electoral cómo es que la “Alianza por el Futuro” nunca presentó su informe de financiamiento ante el Jurado Nacional de Elecciones y hoy tiene más de diez congresistas electos. ¿Qué pasó? La ley quedó en el papel.
Por otro lado, hay aspectos que no se han legislado a cabalidad. Si bien es cierto, a partir de ahora hay una barrera electoral que disminuirá la fragmentación parlamentaria, no hay medidas que refuercen la cohesión interna de los partidos. Esto se expresa en el conocido “transfuguismo” que, a pesar de la actual ley y antes de que se inicien las actividades del nuevo Congreso, ya se está dando. La prensa, desde hace varios días viene informando de más de diez congresistas que, al parecer, están renunciando a las bancadas por las que fueron electos para adherirse a otras con mayores posibilidades de protagonismo en los próximos cinco años.
Finalmente, queda pendiente la aplicación de la Ley de Partidos a ámbitos Regionales y Locales ya que nuestro país, lamentablemente, aun no cuenta solo con partidos nacionales.
Hoy más que nunca es necesario que los políticos y sus partidos entiendan que al ser elegidos como representantes de los ciudadanos que confiaron en ellos, su rol no se agota al lograr esta posición sino que requiere ampliarse facilitando la participación de las mayorías en las grandes decisiones del país, promoviendo la sinergia entre los principios de la democracia representativa y la participativa.
Los ciudadanos tenemos todo el derecho y la responsabilidad de ser los protagonistas activos de los procesos de cambio, de ejercer control ciudadano y fiscalizar las acciones de gobierno, de constituirse en celoso guardián de la democracia y del control político a los gobernantes.
Como vemos, el cambio no sólo está en el Estado y los políticos. De nosotros también depende.






1 comentarios:
y bueno despues de un tiempo indeterminado de ver la pantalla durante un rato, puedo regresar a mas o menos que? quinto de primaria, sexto de primaria? en aquellas epocas cuando juanjo conversaba con mi abuela y feu ahi cuando me di cuenta que a juanjo le gustan las mujeres mayores... bueno es no es cierto(espero), bueno juanjo mas ntarde leere todos tus trabajos de universidad, que gusto que los andes publicando, en general este blog tiene tu toque, que de mas esta decir que me gusta... vendre a verlo mas seguido a ver tus nuevas publicaciones
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